lunes, 6 de diciembre de 2010

- ¿Qué te pasa?
- Que me ahogaba.
- ¿Por qué?
- No lo sé.
- Sí lo sabes.
- No recordaba que fecha era. Y tu recuerdo se volvió a clavar en mí.
- No te tiene que doler tanto. Deberías dejar que lamieran tus heridas.
- Sabes que no puedo.
- No es que no puedas, es que no quieres.
- Parecería que soy débil, y no lo soy. O si lo soy, no quiero que nadie lo sepa.
- No es que seas débil, eres fuerte. Pero se te olvida, y te atrincheras en una frontera que no te sirve de nada. Deberías saltar, gritar, correr, e ir a buscarle.
- ¿A quién?
- A quien tu ya sabes.
- No puede ser. Él ya se ha ido también.
- No. Sigue estando ahí. Pero tú te has encargado de ir echándole poco a poco.
- No quería que me hiciera daño.
- Y aún así estás sufriendo. Tu táctica no ha funcionado.
- Lo sé. Pero también sé, que volverá.
.....

domingo, 5 de diciembre de 2010

Y me siento a mirarte
Salto por las cornisas
Me da igual caerme
Y quiero que el látigo de tu carne se clave en mí
Como unas incisivas estrellas cayendo del universo
Te miro
Tiemblo
Sonrío
Sueño que te beso, que de soslayo mis labios retan al frío,
y que mi lengua se derrite en tí.
Siento que me alejo. Y me pierdo
Y doy vueltas y más vueltas echándote de menos
No entiendo nada, y desconozco en que momento te fuiste
Pero lo sabía.
Sabía que pasaría
Y durante meses luché contra ello.
Ahora ya no estás aquí
O estás sin estar
Y yo, me fundo en el hielo
Mi alma se cae por las escaleras golpeándose en cada silencio
Te regalo todo
Te regalo los nervios, los abrazos, los besos que no te dí, el frío, los nervios, las mejillas coloradas, te regalo mis risas, los miedos, todo lo que no te dije, y en un paquete, envasado al vacío, te regalo este silencio, que me ahoga.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Lo peor es, a veces, saber que aunque quieras no podrás llorar.
Una vez exisitió una Princesa que no era como las demás.
Le gustaban los caramelos de limón ácido. Corría con sus zapatos de charol tras las gallinas. Se bañaba con su mejor vestido en el río. Sentía frío cuando hacía calor, y se achicharraba en invierno. Veía en la oscuridad, y se sentía a oscuras durante el día. Relataba los mejores sonetos de amor del reino con apenas cinco años. Y pintaba espadas y lunas rotas en las servilletas de palacio.
Conforme pasaban los años, olvidó incluso su propio nombre, y poco a poco, se iba apagando. Su última risa se escapó una tarde junto al río, y sus lágrimas quedaron colgadas de un hilo de su almohada.
Sus padres no sabían que hacer con ella.
Pero cuentan, que en otro reino cercano, vivía un principito triste.
Contemplaba embelesado las puestas de sol. Los días de lluvia se vestía el bañador y salía a la plaza del castillo. Perseguía estrellas con cazamariposas. Le encantaban los helados de fresa y pistacho. Preparaba los mejores sanwiches de nocilla y hierba para las ovejas del reino, que crecían frescas, lozanas y felices. No le importaban los ejércitos, y sólo preguntaba a sus compañeros de clase sobre el sabor de las nubes, sus colores preferidos, o cuál era la utilidad de un corazón roto.
El principito dejó de jugar, de correr, de bailar, de canter, y se volvió poco a poco, casi casi invisible.
Los médicos los visitaban en cada uno de sus reinos. Y nadie sabía muy bien lo que les pasaba. Su salud era fuerte. Pero ellos, parecían cada vez ser más débiles.
Cuando la Princesa cumplió los trece años paseaba por el bosque, y se encontró con una mujer. Era de la Hermandad de las Madalenas. La sabia se acercó a la famosa princesa sin risa y le susurró unas palabras...
La chica salió corriendo hasta palacio. Cogió una maleta que tenía guardada bajo la cama y se personó ante su padre.
- Debo marcharme.
La Reina discutió con ella, era demasiado joven para viajar, pero el Rey, la contempló durante unos minutos. Y ordenó a cuatro de sus hombres que viajarán con la princesa. Eran el cocinero, el cronista oficial del reino, el soldado más valiente de palacio y la joven que ordeñaba las vacas. Emprendieron viaje hasta un reino cercano. Allí, pidieron una recepción con el rey y el principito.
El Rey les preguntó cuál era el motivo de su visita.
La joven princesa dió un paso al frente y sacó su pequeña maleta.
- Necesito mostrarle mis tesoros al principito.
- Él no tiene tiempo para eso. Es ya casi invisible. No necesita tesoros.
- Si los necesito- se oyó una voz en la sala.
La Princesa sin risa y ya sin nombre... abrió su maleta.
- En este frasco de cristal está el primer beso que le daré. Aquí con este lazo, guardo el primer abrazo, en éste marco colocaré su fotografía, esta cucharilla es para tragarme la única lágrima que le haré derramar, cuidó a temperatura ambiente este caramelo de café con leche para que no se derrita porque sé que es su preferido, le encantan las fresas por eso ordenaré cultivar millones en el bosque junto a palacio, llenaré una piscina de gotas de lluvia, y se acabarán los ejércitos...
Conforme la Princesa iba relatando el contenido de su maleta, el Principito iba tomando forma...
Todos en la sala comenzaron a reír... incluso ella.
- ¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo lo has vuelto a traer? - le preguntó el Rey.
- Muy fácil. Sólo sé que alguien me dijo... que yo no estaba enferma.... solamente, estaba enamorada.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Tal vez sea mi culpa. Culpable. Inocente. Te quiero. Olvídame.
Construí castillos de arena, de naipes, de sueños.
Te habría dado la vida que querías.
Me perdí.
Anduve por un camino que no era mío, y me encontré en noes que no eran, y en comienzos que olían a despedida.
Y te quise. Te quiero. Pensé que incluso las mariposas me iban a ahogar.
Todo va mal. Mis murallas se derrumban y aquí me quedo.
Pérdida. Sin rumbo. Dejando que te envuelvas en amores vacíos que te hundirán en el ensueño de un falso placer.
Culpa mía. Y me castigo por ello. Repito Lo que siempre supe... Que un día te cansarías de mí.
Solo sé
que me vi...

con la vida aleteando en el vacío

con el sol en la maleta por si el frío

Me agarraba sin saber a donde ir...

Estrenamos mes

Estrenamos mes y las cosas no van ni bien ni mal, creo que no van.
E intento luchar contra los vampiros de energías y me quedo por el camino.
No dejo que mermen mi energía, pero no puedo evitar estremecerme.
Y eso que hoy me han regalado un abrazo.
Me regalaron dos cedés de villancicos.
Me decoraron por sorpresa navideña mi hogar.
Me han comprado unas pulseras de animales.
Me han regalado un pastelito.
Y no sé si me dieron una ilusión o una puñalada.
Diciembre es duro... como el turrón.