martes 9 de febrero de 2010

De mudanza...

Recuérdame,
si el mundo no te trata tan bien...

domingo 7 de febrero de 2010

Viviendo

domingo 31 de enero de 2010

Exorcismo

La Rebe in the city había quedado con una de sus amigas, la rubia, en trazar un plan.  Un plan de desquite.  Olvidos.  Desgarros.  Estrés.  Recuerdos...
Iban a subir al coche.  Irían a Ikea.  Comprarían una nueva vajilla.  En el maletero llevaría la vieja vajilla de la Rubia.  Irían a un descampado.  Y comenzarían a romper platos y vasos y tazas y platos.  Era un exorcismo.  Se lo había recomendado su amigo, el artista.
Y ambas, esperaban que funcionará.  Y sino, habría vajilla nueva.

sábado 30 de enero de 2010

Sólo diré...

Supercalifragilisticoespialidoso

lunes 25 de enero de 2010

Cartas entrelazadas

Ésta canción apareció de casualidad.  Su letra dice muchas cosas de las que yo llevó días queriendo decir... no sé si para bien o para mal... pero ahí va.

Una tarde sin ti al teléfono,
un espejo que no deja de esperar,
unos labios sin besos,
una pareja sin sexo
una parada de más.

Una historia que no existe todavía,
unas cartas recordando los días,
un abrazo que no tiene salida,
un porque camuflado en ironía.

No puedo describirte,
no puedo siquiera nombrarte
Sólo son líneas que caen sobre el papel
intentando dibujarte.

Una parcela de cielo en la tierra,
el mundo entero en tu regazo,
una puerta por la que siempre pasar,
un billete de ida para huir de la rutina,
un mirador con vistas al infinito,
este insomnio placentero,
el olor de la ansiedad sobre mi almohada,
una última caricia en mi ciudad callada.

No puedo describirte,
no puedo siquiera nombrarte,
sólo son líneas que caen sobre el papel
intentando dibujarte.

Una pregunta que aún no quiero entender,
una respuesta en tu mirada,
un mar de aceite que me vuelve a sorprender,
cuando en mi vida haces tu entrada.

No puedo describirte,
no puedo siquiera nombrarte,
sólo son líneas que caen sobre el papel
intentando dibujarte.

No, no puedo describirte, no puedo siquiera nombrarte...
¿Si te dejan de regalar calcetines de colores, si las rayas se convierten en grises y negros, te has hecho mayor?
En esto pensaba la Rebe in the city, para calmar sus odios, sus ansías o sus sueños.  No soportaba ver mal a según que personas.  Ni que las voces sonarán triste al otro lado del teléfono.  Ni que las vidas se desmoronarán, aunque no fuera así y tan sólo parecieran temblar un poquito.  No en aquellos a los que quería.
Pero su sofá cheslon cama se había convertido ya en un diván donde contar las primeras penas. Y dónde hacer las primeras confidencias.  Y aunque el cielo a veces podía parecer encapotado, a las seis menos veinte de la tarde también podía salir el sol.  
Y entonces, al volver a casa, tras hacer todo lo que debía hacerse un lunes, o lo que no, o lo que se podía dejar para un miércoles, pensaba en los cuentos.
Pensaba en aquella vez que al dormir soñó con ellos.  Si Pinocho no hubiera sido un mentiroso, si la princesa de las trenzas rubias se las hubiera cortado y no se las hubiera tendido al príncipe valiente que vino a salvarla (mucho más sufrió ella el que el joven muchacho subiera por sus cabellos), o sí el Soldadito de Plomo hubiera dejado plantada a la engreída bailarina.  Qué habría sido de nosotras si Aladino no hubiera robado la lámpara, o si a Blancanieves lo hubieran gustado las manzanas, ni la Bella Durmiente hubiese probado el placer de echar una cabezadita.  Que cambiaría en el mundo si los Siete Cabritillos no hubieran abierto al lobo con patas de harina, si Cenicienta hubiese calzado unas botas inamovibles, si el Hada hubiese sido Hado, si Goliat no hubiese tenido gigante, si Simbad el Marino hubiese tenido miedo al agua, el Patito Feo hubiese sido un presumido, y si los tres Cerditos hubieran sido lechuzas...
En eso pensaba, para no pensar en lo que debía pensar.  Que había construido muros tan altos que ahora no podía saltar por ellos, rodearlos le costaba días, horas... y esperar era la parte más cómoda de los cuentos.... pasar hojas, hojas, y hojas, hasta ver que siempre, o casi siempre, acababan con un final feliz.  O eso esperaba, aunque ya no fuera una Princesa.

domingo 24 de enero de 2010

A la Rebe in the city le faltaban horas.  Horas o días.  Porque su agenda estaba colapsada.  No en vano, el tiempo que tenía libre lo dedicaba a su gran plan.  A su casa.  Y no en vano, en los últimos meses, se sentía más feliz que nunca.  O al menos, más tranquila que nunca.
Pero los domingos son días astutos.  Que engatusan.  No le gustaban.  Podían ser perfectos amantes o perfectos asesinos.  Y pese a que el último golpe lo había asestado ella.  Pese a que la recompensa llegó exactamente a las 05.25 de la mañana, cuál ibuprofeno ante una esperada resaca, no podía dejar de sonreír de soslayo.  O de sentirse cansada.  O pérdida, sin quererlo.  Y sin estarlo.
Y no podía ver a según que personas tristes.  Y lo había notado en su voz.  Y tampoco podía escuchar según que canciones.  Ni ver según que películas.  Ni podía enterrar al olvido, y matar a los recuerdos.
Pero volvió a coger el libro entre sus manos, y pensó, que algunos domingos deberían dedicarse únicamente a leer, bajo una buena manta.