El sol iba y venía en la ventana.
Las nubes intentaban cubrirlo, pero salía un rayito.
Así se sentía la Rebe in the city.
Porque la vida es un buclé constante.
Porque sabía que él, tenía razón.
Que eran tontas. Que la culpa, la mayoría de las veces la tenían ellas.
El capítulo de hoy tenía una imagen de su amigo M.E. metido en la cama pensando... cómo pueden ser tan majas, tan inteligentes, simpáticas, tan capaces de hacerle la vida más fácil y feliz a cualquiera, y cómo pueden dejar que las traten tan mal.
Sí amigos.
Eran especialistas en elegir al hombre inadecuado.
Pero ellas mismas sabían que el resumen, la solución, era un tal vez.
Tal vez si te equivocas al elegir, nunca tendrás el miedo a equivocarte, a sufrir de verdad, el miedo a intentar ser feliz.
Y ella, o ellas, lo único que querían era resucitar. Levantar la mano, y mirar al sol sin cerrar los ojos.
Se daban sin quererlo. Casi demasiado pronto.
Y se volvían bocas mordidas, se sentían en medio de una farsa, no entendían nada, se atravesaban, y se daban cuenta de que el agua a veces no apagaba la sed, que no había silencios en las canciones, ni palabras que no tuvieran recuerdos. Se sentían invitadas a un baile al que habían acudido sin tacones. Cenicientas desnudas de deseos.
No quiero batirme en duelo. Quiero saber dónde perdí mi ropa. Saber que sientes por dentro. Saber dónde estás. Saber dónde te fuiste.
Y que nunca dejes de contar conmigo.
Se sentían descalzas en la carrera de vidas que se cruzaban en miles de desvíos.
Y la Rebe ya no sabía si perdía el equilibrio, o si nunca lo había tenido.
O si no existía.
El viento soplaba. Y ellas aguantaban el equilibrio, como podían.
Y querían saltar. Echar a correr. Abrazarte. Saber que aún estabas ahí.
Las cartas sobre la mesa.
Deja de contarme mentiras. Se alejan, se acercan, suelto tu mano, y aparecen tus pasos. Y me culpo por volverme loca, por volverme loca por ti.
No sé.
No sé que hacer.
Ya no sé.
sábado, 3 de julio de 2010
jueves, 1 de julio de 2010
Valió la pena.
Valió la pena conocerte.
Valió la pena esconderse, las mentiras, los susurros.
Valió la pena lo malo, y por supuesto, lo bueno.
Valió la pena.
Valió la pena imaginarte.
Valió la pena encontrarte.
Valió la pena las miradas furtivas. Los guiños. Los roces.
Valió la pena enamorarte. Valió la pena hasta engañarme.
Valió la pena.
Valió la pena el sinvivir constante.
Valió la pena abandonarme.
Valió la pena el estruendo, los miedos, y los sueños.
Valió la pena.
Valió la pena lo grande, lo pequeño, las caricias.
Valió la pena que me dolieras, que me sintieras.
Valió la pena que estuvieras ahí, y que luego, desaparecieras.
Valió la pena conocerte.
Valió la pena esconderse, las mentiras, los susurros.
Valió la pena lo malo, y por supuesto, lo bueno.
Valió la pena.
Valió la pena imaginarte.
Valió la pena encontrarte.
Valió la pena las miradas furtivas. Los guiños. Los roces.
Valió la pena enamorarte. Valió la pena hasta engañarme.
Valió la pena.
Valió la pena el sinvivir constante.
Valió la pena abandonarme.
Valió la pena el estruendo, los miedos, y los sueños.
Valió la pena.
Valió la pena lo grande, lo pequeño, las caricias.
Valió la pena que me dolieras, que me sintieras.
Valió la pena que estuvieras ahí, y que luego, desaparecieras.
miércoles, 23 de junio de 2010
viernes, 18 de junio de 2010
jueves, 17 de junio de 2010
La Rebe y su corazón
A la Rebe in the city le dolía el corazón.
O el vacío que quedaba en él.
Las nubes grises del cielo habían bajado hasta su cabeza, y lo habían encapotado todo.
Echaban mucho de menos, al heavy del corazón valiente, que les había dejado un trozo del suyo y se había llevado un trozo del de ellos.
Los echaba de menos a ellos.
Y echaba de menos el calor, frente al frío solitario.
Estaba cansada de ser angular, piedra, sostén... y pensaba que a veces, su corazón de piedra también necesitaba que le colocarán una gasa de seda y lo colocarán sobre un colchón.
Ella no era así. Pero se cansaba de ir de dura por la vida.
Le gustaba salir al balcón y guiñarle un ojo a la luna, aunque esta, a veces, no le respondiera.
Quería salir corriendo, aunque no tuviera un lugar al que ir. Andaba bajo la lluvia, porque así, no se notaba que de sus ojos caían las lágrimas.
Suspiraba. Suspiraba. Suspiraba. Para notar como el aire entraba por su cuerpo, y volvía a sentirse viva.
Y te echaba de menos. Te echa tanto de menos, que a menudo, no puede soportarlo.
Y sigue echándote de menos. Pase el tiempo que pase.
Todo lo que la rodeaba le parecía de mentira. EL escenario de su serie sin final, sin sentido.
Reía. Pero no sabía a veces por qué. Y quería decir tantas cosas, que le faltaban las palabras. Y tenía tanto sueño, que se había cansado de soñar. Y estaba tan cansada, que los sueños se le habían esfumado de la memoria.
Y de este modo, se perdía en un ir y venir, marcharse, volver, llegar, esperar, abandonar, acertar, errar, desafiar... pensó, que tal vez, lo que necesitaba era comprarse un diccionario de sinónimos y antónimos...
O el vacío que quedaba en él.
Las nubes grises del cielo habían bajado hasta su cabeza, y lo habían encapotado todo.
Echaban mucho de menos, al heavy del corazón valiente, que les había dejado un trozo del suyo y se había llevado un trozo del de ellos.
Los echaba de menos a ellos.
Y echaba de menos el calor, frente al frío solitario.
Estaba cansada de ser angular, piedra, sostén... y pensaba que a veces, su corazón de piedra también necesitaba que le colocarán una gasa de seda y lo colocarán sobre un colchón.
Ella no era así. Pero se cansaba de ir de dura por la vida.
Le gustaba salir al balcón y guiñarle un ojo a la luna, aunque esta, a veces, no le respondiera.
Quería salir corriendo, aunque no tuviera un lugar al que ir. Andaba bajo la lluvia, porque así, no se notaba que de sus ojos caían las lágrimas.
Suspiraba. Suspiraba. Suspiraba. Para notar como el aire entraba por su cuerpo, y volvía a sentirse viva.
Y te echaba de menos. Te echa tanto de menos, que a menudo, no puede soportarlo.
Y sigue echándote de menos. Pase el tiempo que pase.
Todo lo que la rodeaba le parecía de mentira. EL escenario de su serie sin final, sin sentido.
Reía. Pero no sabía a veces por qué. Y quería decir tantas cosas, que le faltaban las palabras. Y tenía tanto sueño, que se había cansado de soñar. Y estaba tan cansada, que los sueños se le habían esfumado de la memoria.
Y de este modo, se perdía en un ir y venir, marcharse, volver, llegar, esperar, abandonar, acertar, errar, desafiar... pensó, que tal vez, lo que necesitaba era comprarse un diccionario de sinónimos y antónimos...
lunes, 14 de junio de 2010
De haberlo sabido... Quique Gónzalez
De haberlo sabido
no hubiera dado todo en un principio
no hubiera sido la noche en tu espalda
y congelándote de frío.
De haberlo sabido
me hubiera ido sin decirte nada
no hubiera sido tan duro contigo
no habria corazón en la garganta
Peor que el olvido
fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido
fue volverte a ver
Me sobran Motivos
pero me faltas tú sobre la cama
y ahora que las calles están llenas de bandidos
cuando necesito de tu madrugada
Cuando ya te has ido
cuando me parte en dos el alma
no hubiera dudado en quedarme contigo
de haber sabido como yo te amaba
Peor que el olvido
fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido fue volverte a ver.
no hubiera dado todo en un principio
no hubiera sido la noche en tu espalda
y congelándote de frío.
De haberlo sabido
me hubiera ido sin decirte nada
no hubiera sido tan duro contigo
no habria corazón en la garganta
Peor que el olvido
fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido
fue volverte a ver
Me sobran Motivos
pero me faltas tú sobre la cama
y ahora que las calles están llenas de bandidos
cuando necesito de tu madrugada
Cuando ya te has ido
cuando me parte en dos el alma
no hubiera dudado en quedarme contigo
de haber sabido como yo te amaba
Peor que el olvido
fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido fue volverte a ver.
miércoles, 9 de junio de 2010
Despertar
Se lenvató cansada, acurrucada en la cama.
Las sábanas estaban hechas un ovillo junto a ella.
Y al otro lado no había nada.
La Rebe miró a la ventana. Fuera seguía todo igual. Hoy llovía.
Y pensó que tal vez, si una gota le caía justo en la frente, en el momento en que lo deseará con mucha fuerza, podría hacerse tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña, que nadie la viera.
Y así, sola, acompaña, en el vacío, o llena de vida, habría atravesado nadando los charcos hasta llegar a él.
Cansada.
Cansada y sin saber bien ni lo que era, ni lo que quería ser.
La Rebe in the city, salió de nuevo a la calle. Un día más. Arrastrando sueños que no lograba cumplir, proyectos que se acababan, y ganas que no le quedaban.
Ya no sabía si era tan perfecto.
Ni siquiera sabía, si ella, con una gota de agua en la frente, no se podría ahogar.
Las sábanas estaban hechas un ovillo junto a ella.
Y al otro lado no había nada.
La Rebe miró a la ventana. Fuera seguía todo igual. Hoy llovía.
Y pensó que tal vez, si una gota le caía justo en la frente, en el momento en que lo deseará con mucha fuerza, podría hacerse tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña, que nadie la viera.
Y así, sola, acompaña, en el vacío, o llena de vida, habría atravesado nadando los charcos hasta llegar a él.
Cansada.
Cansada y sin saber bien ni lo que era, ni lo que quería ser.
La Rebe in the city, salió de nuevo a la calle. Un día más. Arrastrando sueños que no lograba cumplir, proyectos que se acababan, y ganas que no le quedaban.
Ya no sabía si era tan perfecto.
Ni siquiera sabía, si ella, con una gota de agua en la frente, no se podría ahogar.
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