lunes, 19 de octubre de 2009

El corazón helado

La Rebe in the city ha sufrido un paron en su grabación por las fiestas del Pilar.
Y  a la Rebe, se le heló el corazón.   Fue una noche.  Y ahí sigue.  Congelado.  Un corazón en cuyas venas corre sin parar el calimocho.  El vino tinto, puede dejar surcos, como los que deja la sangre cuando sale de las heridas, o como deja el agua que cae por el cristal de la ventana.  
Los días no han acompañado.  El cierzo sopla fuerte y se lleva los recuerdos, y también trae otros.  Otros lejanos.  Y el viento remueve las sombras.  Y lo que creíamos pasado, olvidado, vuelve a colarse en nuestra garganta.  Y por eso nos quedamos afónicos.
Son recuerdos buenos.  Pero el corazón helado no los puede controlar.  El corazón helado es como la placa de hielo a la que le cae encima un chorro de agua caliente.  Cualquier cosa deja marca.  Cualquier olor, cualquier beso, cualquier caricia.  Las cosas que nos recuerdan a los que quisimos.  A los que creíamos haber olvidado.  A los que se van y vienen, y aparecen y reaparecen. A los que echas de menos y a los que echas de más.  A los que dejaste de querer pero aparecen cuando ya es tarde.  A los que quieres y desaparecen.
El corazón helado sigue ahí.  Late despacio.  Y a días con fuerza.  Y sabe que le hace daño.  Y sabe que hay cosas que duelen más.  Pero hay otras que escuecen, otras que hacen estremecer, y otras que ayudan a cicatrizar.
Y no hay mejor que medicina que la risa.  La sonrisa.  El aire fresco en la cara, que hace que el corazón a veces se vuelva más duro.  El no querer que el viento haga que seas como los demás.  El no querer ser uno más de la cadena.  El no dejarse doblegar, amedrentar, y seguir creciendo.  Seguir creciendo.  Crecer.  Ir hacia delante.  Vivir.  Soñar.  

sábado, 17 de octubre de 2009

La mecánica del corazón

Imagina la noche más fría de la historia.  La nieve cae sobre la ciudad de Edimburgo.  En lo alto de una colina, nace el pequeño Jack, pero su corazón está dañado.  Y por eso necesitará reemplazarlo por un reloj de madera, un corazón artificial del que dependerá su vida.  Jack inicia una aventura en busca del amor, pero debe recordar tres reglas básicas para sobrevivir:
1. No toques las agujas
2. Domina tu cólera
3. No te enamores nunca
LA MECÁNICA DEL CORAZÓN DEPENDE DE ELLO
Deseemos suerte a Jack, y recuerda, que como en este cuento para niños grandes, todos hemos sufrido alguna vez por nuestro voluble corazón.

+++++ Caminaba por Grancasa y vi la portada del libro a través del escaparate... Iba hablando por el móvil, y pasé de largo, pero luego volví.  No sé porque.  Me llamaba la atención ese título.  Pensé que sería un libro de autoayuda pero el dibujo me arrastraba a ese cuento interminable que me gusta leer, o vivir.  Y leí este texto, y lo compré.  Por qué, quién no se ha enamorado nunca de alguien con el corazón helado, o quién no lo ha tenido helado en algún momento....

jueves, 15 de octubre de 2009

Parar

A veces, hay que parar.  Aunque sea a la fuerza.  O porque nos obligan.
A veces, hay que detenerse.  Un momentico.  Para coger impulso.  Nada más.
Y entonces, nos gusta llegar a casa.  Y llenar la bañera.  Poner la música a tope.  Sacar el pijama de invierno porque fuera sopla el cierzo.  Poner la cafetera para mañana, y que el olor llené toda la casa, si es que has podido abrir la cafetera.  Tumbarnos en el sofá y ver alguna peli que siempre nos haga reír o soñar.  Leer las páginas de ese libro que ahora nos devora por dentro.  Y dormir.
Shhhhhh..... Hasta mañana.

lunes, 12 de octubre de 2009


Iban por la ribera.
Delante de mí.
Paseando entre el bullicio, los mantones, las botas de vino, y los faldones de un doce de octubre.
Pasaban inadvertidos.
Ambos trabajaban en Tuzsa.
Y yo, mientras tarareaba alguna canción que reproducía el mp3, he pensado, otros pringaos como yo.
Y han seguido andando.
Y yo he seguido andando pensando en lo mío.
En alguna gilipollez seguro, y pensando que la vida es sueño.  Y pensando en el sofá, en el silencio, el vacío, y el estar sin ti.  Pensando en algunos recuerdos.  Y pensando en los que hoy no han estado.
Y he seguido pensando.
Y ella se ha ido acercando a él.  
Y han seguido caminando.
Hasta que al final, al cruzar el paso de peatones, y llegar al Puente de Hierro, he visto que iban cogidos de la mano.
Y será la magia del puente.
Y será su amor, pero entonces, me he dado cuenta de que nunca antes Las Fuentes y Parque Goya, o Valdespartera y San Pablo, habían estado tan cerca, cómo cuando ellos lleguen a casa, y se abracen en el sofá.
Vivan las frecuencias del bus.

jueves, 8 de octubre de 2009

Ally Mcbeal

A veces me siento Ally Mcbeal.   
Mis amigos se ríen cuando se lo cuento, pero es verdad.
Me siento ella.
O que me pasa lo que a ella.
Recordáis que ella siempre se imaginaba cuando le pasaba algo como fuera de su cuerpo?
Pues yo a veces me imagino discutiendo con mi jefa, y al momento, agarrándola por el pelo o cosas por el estilo.  Sí.  Como si mi cuerpo saliera de mi misma.  
El martes salí de currar muy cabreada, bueno, cómo casi todos los días (antes trabajaba en una radio, ahora ya no lo sé), y me imaginé por un momento tirando el bolso al Ebro, y tirándome yo detrás.
Me volvió a la realidad comprobar que no eran las aguas del caribe y que me podía morder un siluro.  
Pero a veces, me siento Ally Mcbeal, y mi vida amorosa aún es más desastrosa, y mis jefes peores, y no tengo piso ni hipoteca.

martes, 6 de octubre de 2009

La Rebe in the city (Martes)

El capítulo de hoy de La Rebe in the city es el de un martes raro.  Odio los martes.  No me gustan.  Y eso que cada quince días hay Consejo de Gobierno y nos vemos todas.  No me gustan.  El martes es un día triste.  Un día en el que comienzas a borrar los vestigios del fin de semana y en el que el nuevo aún se ve muy lejos.
El día ha sido así.  Y nublado.
Y el capítulo acababa con varias mujeres estupendas llorando.
Una se rayaba mientras hacía un informativo esperando recibir un mensaje o pensando en si mandaba uno que no debía.
Otra caminaba por el río acordándose de él, y de la última llamada de hace unos meses.
Otra no pensaba más que en meterse en la cama y dormirse muy deprisa para no sentir su ausencia.
Todas somos iguales.  Y hoy ninguna hemos tenido el valor de coger un taxi e ir al encuentro de alguien.   De llenar el vacío que se siente cuando ya no puedes trepar por su espalda.  Cuando los recovecos de la memoria se quedan vacíos de presencia.   Cuando te vas.  Cuando no te veo.  Y cuándo comienzas a comprender que quizás, ya nunca vuelvas.