jueves, 5 de junio de 2014
Lo mejor de la vida es la gente que tenemos. Los que te dan los buenos días al punto de la mañana con un mensaje de sonrisas. Los que te mandan autofotos lanzandote besos. Los que quieren venir a casa a hacerte una sopa el día en que tu cuerpo dice no puedo más. Los que te prestan lo que más quieren, e incluso un trocito de corazón. Los que acuden a las llamadas de socorro, aunque no las hagas. Los que llegan cuando todo esta enmarañado u se quedan a esperar a que descampe. Los que te ponen el brazo, la mano, el hombro y el cuerpo entero. Los que te traen filetes de jamon, porque lo cura todo. Los que te envían una primera ecografia en la que tu, inculta, no ves apenas nada. Los que te dan una tirita aunque no saben muy bien lo que pasa. Los que te echaran la bronca, por hacerte la dura y los que te la echaran, por ser débil. Todos hacen que esto sea mejor, y todos hacen que sonrías. La vida es eso, un encadenar momentos felices... Y no deberias dejar escapar ninguno.
miércoles, 4 de junio de 2014
Hoy me desperte echándote de menos. Tanto. Mucho. Era como si los brazos se me derritieran. Pesaban. Se alargaban hasta alcanzar el infinito para intentar tocarte.
Hoy te he echado de menos. Y la garganta me ha arañado hasta pensar que me ahogaba. Sin voz. Sin palabras. Huecos vacíos en los que se estrellan los pronombres... yo... tú. Nos.
Hoy te echo de menos. Cierro los ojos para que pase el día. Tacho horas del calendario. Y me subo a unos tacones para ver si así te alcanzo.
Hoy te echaré de menos.
martes, 3 de junio de 2014
La paloma
Descubrí una paloma apoyada en el alféizar de la ventana el día en que abriste tu corazón. Estaba allí, apoyada, tranquila. Solo quise que se fuera. Después, unas horas más tarde, dijiste quiero estar contigo. Te quiero. Y unas cuantas cosas más.
Hoy la paloma ha vuelto al alféizar. Han pasado siete días. Ha echado a volar en que ha sentido que me acercaba a la habitación. Supongo que ha salido volando a buscarte. Es un amor efervescente. Fue un amor de quita y pon.
lunes, 2 de junio de 2014
El día en que abdicaste
Está bien que te hagan daño un día señalado. No por nada. Pero así, cuando tengas algún momento de duda o de recaer, siempre habrá algo que te recordará lo tonta que pudiste llegar a sentirte.
Lo cierto es que todo acaba. Y lo que importa son otras cosas... disfrutar de un gran día de trabajo, demostrarte lo que vales, ponerte al límite de tus posibilidades, superar incluso unas décimas de fiebre y forzar la voz hasta pensar que no vas a poder acabar de contar historias...
Luego llegan los mensajes con alegrías... la primera imagen de Garbancito y las sonrisas de los que esperan cuando se habían cansado de esperar o cuando ya no podían esperar más. Las sonrisas gratuitas.
Y el cariño. El amor inmenso de quién te quiere. De las manos que pueden colocarte tabla a tabla un camino que te lleve hasta la ciudad de Oz.
Y tal vez, hay cosas que duelen, pero solo las que dejas que te duelan. Un poquito, acurrucate, y no te hagas la dura de inmediato. No tienes miedo a qué no te quiera, o a no levantarte, o a no andar, tienes miedo a que este ya sea el motivo por el cual tu coraza se vuelva más de piedra que nunca... por eso, no tapes la rendija, déjala abierta, que alguien ve la luz que entra (o que sale), porque tú no tienes culpa... algún día los fantasamas dormirán contigo, compartiendo abrazo, y será alguien que sí merezca la pena. No que huya en cuánto te des la vuelta y empieces a desvanecer...
Ocho minutos...
Te diré, ya estás aquí otra vez.
Ya vienes con el corazón roto chiquilla.
Solo te acuerdas de mí los días en que te sientas en el sofá, con la mirada perdida.
Los días en que sientes escalofríos y en la calle hace cuarenta grados a la sombra.
Dibujas sombras chinas en la pared,
dices que quieres sonreír para que se vayan los miedos.
Balanceas los pies en el aire,
das patadas a la pena para que no se quede en casa.
Y ahí estás otra vez...
escribiendo versos que luego no dejarás leer a nadie.
Fingiendo ser personas que no eres
y riendo en alto, para que el baile de la muerte no te rodee.
Y no quieres que te diga que es fácil olvidar
porque tu botón de recordar se quedó atascado.
Borras los buenos momentos mientras lames las heridas,
el resto de cosas quedarán atrás con facilidad.
Vuelves a escribir.
Te veo mirar al horizonte.
Pierdes tu vista en planes que cogerás con fuerza
como cada vez que te arañan el alma.
Eres fuerte. Pero desconoces cuánto.
No te permites ni un descuido,
pero perdiste el guión y dejaste que la vida te hiciera cosquillas.
No olvides el pasado. Recuérdalo.
Agarra con fuerza lo que tienes.
Besa al desaliento hasta que te deje sin respiración.
Lo mejor de todo, es que todo pasa.
Pasa lo que queremos, con lo cual también pasa lo que no.
Y mírate, mira todo lo que tienes.
Si has llegado hasta aquí, aún con fantasmas,
quedarte a esperar un poco más no será problema
quizás al final, merezca hasta la pena (y sus penas).
sábado, 31 de mayo de 2014
Me sobra la poesía (Elvira Sastre)
Amor,
a mí desde que estás me sobra amor por los cuatro puntos cardinales de este país que no quería ser conquistado y acabó enamorado de tu bandera.
Se me han roto las brújulas y ahora mire donde mire
solo
estás
tú,
y un trozo de mar conjugado en futuro
y un beso en cada ola de tu marea
y varias frases cosidas a tu frente para que leas poesía cada vez que te mires al espejo.
De igual manera que me sobran las manos cuando no estás y tengo demasiados latidos para tan poco pecho (aunque me hayas hecho el corazón más grande que la pena), del mismo modo que mis pies pierden el ritmo cuando no van a tu casa (el aire solo se mueve cuando tú bailas) y el cartero me pregunta por ti de tanto escribirle tu nombre.
De igual manera me sobran las formas,
y las excusas
y las palabras,
me sobra hasta el silencio
y el eco de las estaciones,
me sobra el pasado
y la tristeza
y los poemas,
me sobra la ciudad y los enamorados que cabalgan sobre ella,
me sobran las mentiras (menos esas que consiguen que te quedes un ratito más), me sobran todos los besos llenos de tonta y todas las palabras manchadas de saliva,
me sobra tu casa
y la mía
y las noches que duran días,
me sobra esta bendita paz y esta ausencia de ruidos que me has regalado,
me sobran mis dedos
y mis sueños
y mis dedos que te sueñan
y mis sueños con tus dedos,
me sobra el miedo
y los callejones
y la luz,
me sobran las huellas porque me sobra el camino.
Desde qué estás me sobra todo lo que tengo (me sobra hasta lo que no tengo) porque tú me das todo.
Mi vida,
desde que estás tú
lo único que me falta
es la muerte.
Y no la echo de menos.
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