En las últimas 24 horas se solapan las palabras y las frases.
Coinciden en bocas de distintas personas.
Estás triste.
Rompes corazones.
Diálogo de una cafetería. Mitad de una mañana de martes cualquiera. En una ciudad cualquiera.
- Es que vas por ahí rompiendo corazones (le dice él)
- ¿Nadie os habéis parado a pensar que la que tiene el corazón roto soy yo? (ella)
martes, 29 de marzo de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
¿Estas triste?
¿También tú me lo preguntas?
Se te nota
Pues no
Sí
Bueno, no sé
Tal vez
Sí, tal vez.
Al menos sonríes
Siempre sonrío
Pero lo haces sin fuerzas
Es que noto como si me cercase un vacío
Habla. Diselo.
Lo sé
¿No puedes?
No. Me quede sin palabras. Sin hueco.
Entiendo
Y te echo tanto de menos...
Pues por eso deberías aprovechar
Ya no me queda espacio. Sé que lo quiero pero no con cuanto corazón lo quiero.
¿También tú me lo preguntas?
Se te nota
Pues no
Sí
Bueno, no sé
Tal vez
Sí, tal vez.
Al menos sonríes
Siempre sonrío
Pero lo haces sin fuerzas
Es que noto como si me cercase un vacío
Habla. Diselo.
Lo sé
¿No puedes?
No. Me quede sin palabras. Sin hueco.
Entiendo
Y te echo tanto de menos...
Pues por eso deberías aprovechar
Ya no me queda espacio. Sé que lo quiero pero no con cuanto corazón lo quiero.
domingo, 27 de marzo de 2011
jueves, 24 de marzo de 2011
Un día cualquiera
Se sentía fuerte. Aunque a veces le fallarán las fuerzas o se quedará sin energía. Sabía que era porque tus hilos aún la envolvían. Porque había sido una simple muñeca, que bailaba alrededor de tu órbita. Un día la querías, y treinta la ignorabas. Sabía que la utilizabas. Que te apoyabas en ella para ser mejor.
Aquella noche no fue distinta. Todo siguió su curso. Hasta que la copa que sujetaba en la mano se le cayó al suelo. Las margaritas se mustiaron. Y el cactus murió.
Había sido muy tonta. Tan tonta, que creyó que igual la habías querido. O que al menos, en algún momento, la habías necesitado. A veces aún lo duda. Aunque cada vez está más segura de que tan sólo fue un embrujo de la noche.
Ahora lo único que quiere es saltar. Bailar como una loca y cantar a voz en grito. Calzarse los tacones. Ponerse unos pedientes, y pintar sus labios. Quiere besar sin parar. Pero lo cierto, es que los primeros besos que no fueron tuyos le dolieron. Los siguientes empezaron a cicatrizar sus heridas, y ahora, sólo recuerda un beso.
Pese a todo, de vez en cuando, sonríe para adentro. Lo hace porque sabe que un día, uno cualquiera, un escalofrío recorrerá tu espalda, y sabrás que te equivocaste. Un día en el que no sea ella la que abra la puerta, la que te agarre para no caer, la que te sujete, la que vigile tus sueños, la que te regale un cuento, o la que te cuente cualquier chiste malo. No será ella. Y no la reconocerás en otros ojos que te miren, porque no habrá ninguna mirada que sonría como la de ella. Y entonces, comprenderás, que pudo ser lo que mejor que haya pasado, o que te hubiese pasado, o que te habría pasado... Entenderás, que ella no sabía conjugar verbos, pero podía volver presente cualquier pluscuamperfecto.
Aquella noche no fue distinta. Todo siguió su curso. Hasta que la copa que sujetaba en la mano se le cayó al suelo. Las margaritas se mustiaron. Y el cactus murió.
Había sido muy tonta. Tan tonta, que creyó que igual la habías querido. O que al menos, en algún momento, la habías necesitado. A veces aún lo duda. Aunque cada vez está más segura de que tan sólo fue un embrujo de la noche.
Ahora lo único que quiere es saltar. Bailar como una loca y cantar a voz en grito. Calzarse los tacones. Ponerse unos pedientes, y pintar sus labios. Quiere besar sin parar. Pero lo cierto, es que los primeros besos que no fueron tuyos le dolieron. Los siguientes empezaron a cicatrizar sus heridas, y ahora, sólo recuerda un beso.
Pese a todo, de vez en cuando, sonríe para adentro. Lo hace porque sabe que un día, uno cualquiera, un escalofrío recorrerá tu espalda, y sabrás que te equivocaste. Un día en el que no sea ella la que abra la puerta, la que te agarre para no caer, la que te sujete, la que vigile tus sueños, la que te regale un cuento, o la que te cuente cualquier chiste malo. No será ella. Y no la reconocerás en otros ojos que te miren, porque no habrá ninguna mirada que sonría como la de ella. Y entonces, comprenderás, que pudo ser lo que mejor que haya pasado, o que te hubiese pasado, o que te habría pasado... Entenderás, que ella no sabía conjugar verbos, pero podía volver presente cualquier pluscuamperfecto.
lunes, 21 de marzo de 2011
Un maestro
Ha dicho muchas cosas Gabilondo esta noche en Zaragoza. Cosas sobre la radio, el periodismo, pero también sobre la vida.
Esa vida que a veces pasa a nuestro alrededor y ni siquiera miramos. Esa vida que puede sorprendernos para bien y para mal.
Nos ha dicho que se nos ha olvidado que lo importante es contar. Contar lo que contamos. No a cuantos se lo contamos. Y que nos preocupamos tanto en contar a cuantos se lo contamos, que lo que contamos ha dejado de importar.
Ha hablado del derecho a ser informado. Del derecho a informar. De la obligación de la verdad.
De que lo importante no es quien me cuenta que se ha metido un gol, sino quien lo ha metido. Que nos hemos olvidado de las personas.
Ha hablado de la profesión, no tan idílica como ustedes se imaginan. De la radio. Y de todo lo que engancha.
De lo difícil que es ser mujer. Ser madre o periodista. De ese mundo ideal en el que conciliar sea real.
Ha hablado de lo importante que es quien te rodee. No madrugar, sino quien te facilita hacerlo.
De que cuando todo esto pase, veas a tu pareja al lado y sepas din lugar a dudas, pese a los silencios o los vacíos, que donde querrías estar es allí, a su lado, y no en otro lugar del mundo cualquiera ni con cualquier otro al lado.
De esta crisis. De este cambio de ciclo que todos notamos. El que se apaga y el que comienza. De los miedos. De lo que nos atenaza, tambalea, y de seguir adelante.
Ojalá todas las primaveras, sean como hoy aunque el mundo se tambaleé. Hay unos cuantos brazos dispuesto a sujetarlo.
Esa vida que a veces pasa a nuestro alrededor y ni siquiera miramos. Esa vida que puede sorprendernos para bien y para mal.
Nos ha dicho que se nos ha olvidado que lo importante es contar. Contar lo que contamos. No a cuantos se lo contamos. Y que nos preocupamos tanto en contar a cuantos se lo contamos, que lo que contamos ha dejado de importar.
Ha hablado del derecho a ser informado. Del derecho a informar. De la obligación de la verdad.
De que lo importante no es quien me cuenta que se ha metido un gol, sino quien lo ha metido. Que nos hemos olvidado de las personas.
Ha hablado de la profesión, no tan idílica como ustedes se imaginan. De la radio. Y de todo lo que engancha.
De lo difícil que es ser mujer. Ser madre o periodista. De ese mundo ideal en el que conciliar sea real.
Ha hablado de lo importante que es quien te rodee. No madrugar, sino quien te facilita hacerlo.
De que cuando todo esto pase, veas a tu pareja al lado y sepas din lugar a dudas, pese a los silencios o los vacíos, que donde querrías estar es allí, a su lado, y no en otro lugar del mundo cualquiera ni con cualquier otro al lado.
De esta crisis. De este cambio de ciclo que todos notamos. El que se apaga y el que comienza. De los miedos. De lo que nos atenaza, tambalea, y de seguir adelante.
Ojalá todas las primaveras, sean como hoy aunque el mundo se tambaleé. Hay unos cuantos brazos dispuesto a sujetarlo.
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sábado, 19 de marzo de 2011
El destino a veces tiene planes que ni imaginábamos. A veces duelen y otras acarician.
Y cuando el cuerpo se rebela, te pide que parea y pongas un poco de orden... Y llega la explicación. La vida es muy lista y a veces le desorganizas los planes. Nunca es tarde. Si me quisieras... Me dedicaría a desordenarle los planes al destino.
Y cuando el cuerpo se rebela, te pide que parea y pongas un poco de orden... Y llega la explicación. La vida es muy lista y a veces le desorganizas los planes. Nunca es tarde. Si me quisieras... Me dedicaría a desordenarle los planes al destino.
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jueves, 17 de marzo de 2011
Abrió la botella de cerveza, dio un trago y dejo hueco para el tequila. Las burbujas salieron de la botella esfumándose en el aire. Vertió el tequila. Agitó la botella y pensó que tal vez si toda su energía se centraba en ese momento, su vida quizás dejase de girar. Giraba. Giraba. Giraba. Y se sentía perdida como si todo a su alrededor fuese una gran noria rodeada de un gran bosque. Inmensidad. Vacío. Te habías alejado tanto que ya casi no te conocía. Te echaba tanto de menos que cuando se paraba a pensar en ello le costaba casi respirar. Sin embargo no entendía muy bien en que momento la noria había quedado atascada. Tú te bajaste. Ella se quedo allí, quieta, atrapada. Su corazón se había evaporado. Enloquecido, casi se había esfumado. Dio un trago largo a la botella y pensó... Ojalá nunca te arrepientas.
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