martes, 23 de agosto de 2016
Hubo un tiempo en que nos encontrábamos. Recorríamos las mismas calles, como si uno fuera oliendo al otro. Un tiempo en el que andábamos encontrándonos. En el que compartíamos el camino y seguía tus pasos como las olas en la arena. Los granos de fina arena se esparcieron por el viento. Se esparcieron tanto que, ahora, recorro las calles sin encontrarte. Tal vez sean los recuerdos, que ocupan todos los huecos de mis calles, de mi alma, de mi vida. O tal vez sea el sinsentido. La tristeza. El desengaño. Que ahora ocupan todos los espacios. Ya no te encuentro. Ya no me buscas. Ya no nos recordamos.
viernes, 29 de julio de 2016
jueves, 7 de julio de 2016
A veces querría que nunca hubieras existido. No echarte de menos. No haberte conocido.
A veces querría que jamás me hubieras besado. Que no quemaran mis labios al echarte de menos. Que no sintiera tu vacío.
A veces querría haber permanecido lejos. No haberte tocado ni curado. No haber soñado a tu lado.
A veces querría haber dejado que me quisieras. Haber dejado que no. Haberte dejado caer.
A veces el silencio me duele. El alma me quema. Y la garganta me ahoga. A veces te recuerdo en un libro, una palabra o un paisaje. A veces querría que jamás me hubieras encontrado.
domingo, 12 de junio de 2016
Cuando te fuiste murieron las plantas y me arranque tiras de piel cual serpiente. La casa era una cueva oscura y sombría, y yo era un reflejo de mi misma. Abstraída y miedosa, lo que nunca fui.
Cuando te fuiste sentí que corría detrás de ti, pero me quede pequeña y agazapada. Pasaba por nuestras calles con miedo a que me asaltarás.
Cuando te fuiste dejaste un arañazo en mi alma que de vez en cuando sangra. Y busco lenguas que lo limpien como el agua oxigenada.
Dejaste un nudo que hay días que me ahoga tan fuerte que ni respiro. Lo hago para que no me oigas, ni me huelas ni me veas.
jueves, 19 de mayo de 2016
jueves, 21 de abril de 2016
La primavera trae tu recuerdo. Dibuja las palabras que me dijiste con cerveza y polen. Y hasta te echo de menos. Aunque no eres al único. Más huellas retumban en este camino mezcla de adoquines y arena. Tiemblo y me adormezco. Le digo al dentista que me anestesie más fuerte, para silenciar al corazón. Sin embargo los ecos se aparecen en mi cara. Invisibles para el mundo, imborrables para mí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
