martes, 23 de agosto de 2016

Hubo un tiempo en que nos encontrábamos. Recorríamos las mismas calles, como si uno fuera oliendo al otro. Un tiempo en el que andábamos encontrándonos. En el que compartíamos el camino y seguía tus pasos como las olas en la arena. Los granos de fina arena se esparcieron por el viento. Se esparcieron tanto que, ahora, recorro las calles sin encontrarte. Tal vez sean los recuerdos, que ocupan todos los huecos de mis calles, de mi alma, de mi vida. O tal vez sea el sinsentido. La tristeza. El desengaño. Que ahora ocupan todos los espacios. Ya no te encuentro. Ya no me buscas. Ya no nos recordamos. 

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