Lo único que me duele de morir,
es que no sea de amor.
"El amor en los tiempos del cólera"
Gabriel García Márquez
miércoles, 10 de agosto de 2011
sábado, 6 de agosto de 2011
Te quise por querer. Te quise por costumbre. Por miedo. Por llenar el vacio de la soledad y por acallar las voces del silencio. Te quise pese a los daños. Pese a las palabras inventadas, huecas y mentirosas. Te quise pese a las caricoas hirientes y a los planes truncados. Te quise aunque dolieras. Te quise aunque me tuve que inventar tus besos. Te quise pese a todas las veces que me tuve que arrastrar hasta tu boca, en que tuve que rogar un abrazo y llorar un hola, qué tal. Te quise pese a los telefonos rotos. Las entrañas agonizantes y los sentimientos suicidas. Y te quise por costumbre. Sin saber. Queriendo. Sin sueños. Sin estrellas en el cielo. Sin unicornios, ni guiones de cine, con un cuento roto, con chistes de chistera.
Te quise para creer que el mundo me quería. Creyendo que en tus brazos todo pasaría. Que acabaría el miedo. Pero todo acabo. Aunque duela. Y ahora solo quiero fiarme de un quizás, y de paso, de una margarita pocha que lucha en un jarron del ikea por no marchitarse. Quiero jugar limpio con él. Pero no aprendí a ganar y continuamente juego a perder. Si tal vez llegara una tregua, yo también podría drjar de huir, dejar de perderme y dejar que por fin, me encuentre.
Te quise para creer que el mundo me quería. Creyendo que en tus brazos todo pasaría. Que acabaría el miedo. Pero todo acabo. Aunque duela. Y ahora solo quiero fiarme de un quizás, y de paso, de una margarita pocha que lucha en un jarron del ikea por no marchitarse. Quiero jugar limpio con él. Pero no aprendí a ganar y continuamente juego a perder. Si tal vez llegara una tregua, yo también podría drjar de huir, dejar de perderme y dejar que por fin, me encuentre.
Posted from Blogium for iPhone
lunes, 1 de agosto de 2011
Creyó que por fín podía decir oficialmente que no había nadie.
Que la habían dejado sola.
Lo supo cuando comprobó que en el buzón no había más que facturas. Que en el correo electrónico no había rastro de ti. Que habías pérdido su teléfono y que ni siquiera le habías mandado un mal chiste el día de su cumpleaños.
Si alguien que ha compartido contigo un período de vida, no te felicita, se puede decir que ya finalmente todo ha acabado.
Ella suponía que sí. Y por eso, creía que sentía ese vacío con el que se había despertado en la última mañana.
En el sueño desterrado, había dejado una margarita, un saco de dormir, y un ligero temblor.
Si tuviera tiempo se compraría un obón, y tocaría serenatas tristes a la luz de una vela. Pero como carecía de oído, se dedicaba a escribir textos absurdos para intentar explicar lo que sentía cuando el otro él se marchó sin más.
Recorría el mundo saltando de baldosa en baldosa para no pisar los momentos que quedan en suspenso en el aire, y lo único que sabía era pelear. Pero creía, que estaba cansada.
Habría querido salir corriendo, no por el mero hecho de correr, ni por huir, sino por sentirse libre. Sin embargo, algo más fuerte que ella misma la ataba y no conseguía saber que era.
Tan sólo quería ponerse delante de otro él y decirle ¿por qué ya no me quieres?.
Tenía que asimilar que no siempre se gana, y que tampoco se pierde. Hay veces que no suceden ninguna de las dos cosas, tan sólo que el tiempo se posa sobre las cosas y hace que todo quede quieto. Que las vidas avancen, mientras que ella se paralizaba.
Tan sólo le gustaría coger a otro él y retarle a un duelo. Beberían chupitos hasta el amanecer, y ella le preguntaría una a una todas las dudas que tenía. Desde donde empieza el mundo, donde acaba el cielo, cuánto quema el sol, si en la luna viven elfos negros, si alguna vez la quiso o si sólo la utilizo cuando a él nadie lo quería.
Que la habían dejado sola.
Lo supo cuando comprobó que en el buzón no había más que facturas. Que en el correo electrónico no había rastro de ti. Que habías pérdido su teléfono y que ni siquiera le habías mandado un mal chiste el día de su cumpleaños.
Si alguien que ha compartido contigo un período de vida, no te felicita, se puede decir que ya finalmente todo ha acabado.
Ella suponía que sí. Y por eso, creía que sentía ese vacío con el que se había despertado en la última mañana.
En el sueño desterrado, había dejado una margarita, un saco de dormir, y un ligero temblor.
Si tuviera tiempo se compraría un obón, y tocaría serenatas tristes a la luz de una vela. Pero como carecía de oído, se dedicaba a escribir textos absurdos para intentar explicar lo que sentía cuando el otro él se marchó sin más.
Recorría el mundo saltando de baldosa en baldosa para no pisar los momentos que quedan en suspenso en el aire, y lo único que sabía era pelear. Pero creía, que estaba cansada.
Habría querido salir corriendo, no por el mero hecho de correr, ni por huir, sino por sentirse libre. Sin embargo, algo más fuerte que ella misma la ataba y no conseguía saber que era.
Tan sólo quería ponerse delante de otro él y decirle ¿por qué ya no me quieres?.
Tenía que asimilar que no siempre se gana, y que tampoco se pierde. Hay veces que no suceden ninguna de las dos cosas, tan sólo que el tiempo se posa sobre las cosas y hace que todo quede quieto. Que las vidas avancen, mientras que ella se paralizaba.
Tan sólo le gustaría coger a otro él y retarle a un duelo. Beberían chupitos hasta el amanecer, y ella le preguntaría una a una todas las dudas que tenía. Desde donde empieza el mundo, donde acaba el cielo, cuánto quema el sol, si en la luna viven elfos negros, si alguna vez la quiso o si sólo la utilizo cuando a él nadie lo quería.
domingo, 31 de julio de 2011
Ella pensó que si por un casual el avión se estrellaba, él nunca sabria que lo queria. Si eso ocurriera lo gritaría como una loca, pero él nunca escucharia esas palabras. Quedarían allí, perdidas en el aire, en el espacio, en un segundo que podría ser el último.
Todos pueden pensar que tras este plantramiento, la chica al bajar habría marcado su número y por fin desatar su garganta y decirle: hola te quiero te echo de menos.
Sin embargo, ella, que parecía valiente y cada vez lo era menos, se habia encerrado de nuevo para intentar dejar de notar el vacio que dejaba su ausencia. Pensaba que de ese modo no sentiría el dolor, pero una vez más, se equivocaba.
Todos pueden pensar que tras este plantramiento, la chica al bajar habría marcado su número y por fin desatar su garganta y decirle: hola te quiero te echo de menos.
Sin embargo, ella, que parecía valiente y cada vez lo era menos, se habia encerrado de nuevo para intentar dejar de notar el vacio que dejaba su ausencia. Pensaba que de ese modo no sentiría el dolor, pero una vez más, se equivocaba.
Posted from Blogium for iPhone
martes, 5 de julio de 2011
A veces necesitas dejar de salvar a la gente, y que alguien te salve a ti.
Posted from Blogium for iPhone
lunes, 4 de julio de 2011
Aquella mañana amanecieron en la ciudad con cerca de cuarenta grados. El sol había enloquecido y andaba dando rienda suelta al calor del verano. Ella, salió de casa envuelta en una bufanda, con botas de invierno y en camison de franela. Su corazón no le había dejado pegar ojo en toda la noche. Cuando dormía soñaba cosas que luego vivía y no vivía, y a veces vivía cosas que luego soñaba o no soñaba. Todo andaba revuelto. Ella estaba feliz pero no podía serlo si el resto no lo eran. Y no lo eran. Porque a ella le pesaba un corazón que en días iba a estar vacío, y él andaba dando pasos que no o sí tenían sentido. Y a los dos les gritaría, a mí también me tiembla el corazón, aunque sea de roca. También les diría que a ella le azotaban las tardes, la lluvia, los truenos y los sueños. Pero su voz se apagaba y pesaba. Una vez más, iba a envolver en seda el corazón y a echarse a la calle. Tal vez si los sujetaba a ellos, ella tampoco se caería.
Posted from Blogium for iPhone
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
