domingo, 31 de julio de 2011

Ella pensó que si por un casual el avión se estrellaba, él nunca sabria que lo queria. Si eso ocurriera lo gritaría como una loca, pero él nunca escucharia esas palabras. Quedarían allí, perdidas en el aire, en el espacio, en un segundo que podría ser el último.
Todos pueden pensar que tras este plantramiento, la chica al bajar habría marcado su número y por fin desatar su garganta y decirle: hola te quiero te echo de menos.
Sin embargo, ella, que parecía valiente y cada vez lo era menos, se habia encerrado de nuevo para intentar dejar de notar el vacio que dejaba su ausencia. Pensaba que de ese modo no sentiría el dolor, pero una vez más, se equivocaba.

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martes, 5 de julio de 2011

A veces necesitas dejar de salvar a la gente, y que alguien te salve a ti.

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lunes, 4 de julio de 2011

Aquella mañana amanecieron en la ciudad con cerca de cuarenta grados. El sol había enloquecido y andaba dando rienda suelta al calor del verano. Ella, salió de casa envuelta en una bufanda, con botas de invierno y en camison de franela. Su corazón no le había dejado pegar ojo en toda la noche. Cuando dormía soñaba cosas que luego vivía y no vivía, y a veces vivía cosas que luego soñaba o no soñaba. Todo andaba revuelto. Ella estaba feliz pero no podía serlo si el resto no lo eran. Y no lo eran. Porque a ella le pesaba un corazón que en días iba a estar vacío, y él andaba dando pasos que no o sí tenían sentido. Y a los dos les gritaría, a mí también me tiembla el corazón, aunque sea de roca. También les diría que a ella le azotaban las tardes, la lluvia, los truenos y los sueños. Pero su voz se apagaba y pesaba. Una vez más, iba a envolver en seda el corazón y a echarse a la calle. Tal vez si los sujetaba a ellos, ella tampoco se caería.

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