jueves, 15 de septiembre de 2011

Juguemos a decir la verdad...
De acuerdo.
¿Me quieres?
Si te digo que sí mentiré, si te digo que no te haré daño...

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lunes, 12 de septiembre de 2011

Cuando creía saber lo que quería decir y como, olvidaba el donde. Cuando sabía como decírtelo, olvidaba el qué y recordaba el sitio. Y cuando olvidaba el como y que, le venía a la cabeza un lugar.
Pero los sueños rotos le pesaban más que las vajillas que nunca rompería. Aunque lo que más le pesaba, lo que le ahogaba al caminar eran las decepciones. A veces se olvidaba de no esperar nada. El problema lo tiene la esperanza, que era junto a la fuerza, lo que durante años la habia sacado adelante.
Y ahí estaba otra vez. Sintiéndose sola y cantándole a la luna serenatas de balcón.
Las traiciones le pesaban, pero más, que la gente fuera egoísta. Que se apoyarán en su hombro para llorar, y cuando llegaba el momento de sonreír lo hicieran para otro lado. Ella solo esperaba ya que alguien llegara y le diera un beso. Que la abrazara y le dijera te quiero; pero que esta vez fuese de verdad, o que al menos durara más que una mala resaca.
Se quedó quieta, recordando un beso. El problema, era que seguía allí. Quieta. Suspendida no sabia si en el vacío o en el aire...

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domingo, 4 de septiembre de 2011

Tomó la taza y la dejó sobre la mesa.
Fuera soplaba el viento, que intentaba dar una pequeña tregua al intenso calor de los últimos días.
Se sentía atrapada y paralizada, y así no podía seguir.
Quería tejer una red tan fuerte que nada ni nadie la rompiera. Y no se atrevía a decirle que si no lo acababa de querer era porque lo quería, y porque le daba un miedo atroz que pudiera hacerle daño.
Quería decirle que no debía quererla porque siempre dejaba el bote del champú abierto. Porque acaba comiendo más de una vez cosas caducadas. Porque no le gustaba la sopa, y eso que alguna vez le había recordado el mar. Porque una vez soñó que bailaba tanto que se agotaba, y otra vez que caía con un coche al agua y no recordaba si lograba salir fuera o no. No quería que la quisiera porque siempre se dejaba algo en el vaso, nunca lo apuraba. Y porque le gustaba el agua fría aún en invierno. Y porque siempre sonreía, incluso aunque por dentro estuviera revuelta. Y aguantaba los llantos, hasta que una imagen tonta o una canción le hacían derramar alguna lágrima. Y no quería decirle que con él todo era más fácil. Y que el día que no lo veía era más triste. Y no quería decírle todo esto, porque tal vez, en lugar de ser los motivos para no quererla, tal vez, fuesen para quererla.
Cogió la carta y la rompió en pedazos.
Tal vez saliese a dar un paseo.
Aunque fuera noche cerrada.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Con la vida...



en los talones.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Escribió una carta a la suerte. En ella relataba todo lo que quería que sucediera en los próximos días. Y para que se diera cuenta de lo que necesitaba sanar corazones, colocó sus deseos al final de la lista. No eran tiempos para bromas. Le corría prisa. Necesitaba que el tuerto girará la vista y que la justicia universal se pusiese en marcha. Ella, mientras los viera felices, podía seguir esperando.

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viernes, 26 de agosto de 2011

La vida era un trasiego. Un paseo a veces inusual. Y en esas andaba la rebe in the city... Pensando en las probabilidades que habia de que todas fueran felices a la vez. Podían ser tantas como notas musicales se movían en un mismo segundo por el aire. Podían ser tan pocas como las probabilidades de que un viernes te acostarás sabiendo que te habia tocado el euromillón. Mientras hacia sus cálculos, paseaba y se enteraba de que una amiga habia dejado a su amigo por que necesitaba a alguien a su lado que compartiera su vida religosa. Eso significaba que debía de dejar de pensar en los capullos que buscan chicas de autofotos para buscar a un escritor bucólico que interpretara los chistes. No creía que existiera ni que funcionase. Mientras su corazón se encogía cada vez menos. Y aquel último golpe que el caballero Rasputín habia intentado darle había fallado. Le había dolido más el orgullo que el corazón. Y eso a lo único que se asemejaba de romance era a un golpe en el amor propio. A su vez sufría por la rubia que no sabía muy bien donde acababa ahora el suelo y empezaba el cielo. Le habían dado tiempo y lo llenaba diciendo qie estaba bien, sonreía aunque fuera mentira. Y su mente se llenaba pensando en hacer añicos una vajilla. Otra iba y venía intentando cerrar puertas que siempre se quedan abiertas, o al menos entornadas. La gurú habia recogido su corazón roto y lo habia pegado. Marcho a la playa y allí se encontró con que a veces los hombres que no saben o no pueden decir te quiero, sí saben llorar. Y ella que lo único que sabía era caer, pegar los pedazos y levantarse, cada vez veía más díficil que alguién la quisiera. Se habia cansado ya de mentirosos, cobardes, inseguros y egoístas. Luchaba por no ser así, por ser feliz y alguna noche hasta por tocar la luna...

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viernes, 12 de agosto de 2011

La Rebe in the city buscaba respuestas y seguía encontrando preguntas. Su amiga (la rubia que a ratos era morena, como el sol que sale y se esconde) le preguntaba porque no podíam ser felices todas a la vez. La loca sabia apuntaba a la cuadratura de un círculo mágico, pero ella que carecía de conocimientos geométricos apuntaba al espacio. Eran muchas para ser felices a la vez. Porque si la felicidad del mundo tiene un diámetro, ellas merecían tanta que a ratos no les llegaba. Se perdían contando estrellas que nunca llovían y cuando lo hacían les caían encima. No es fácil saberte excepcional y no querer hacer que tu vida lo sea. Buscaban elementos que las ayudasen a permanecer en la tierra. Cadenas invisibles que las ataran a un mundo que cada vez les interesaba menos. Y el sueño que compartían era el amor. No uno normal. No uno de ensueño. Uno real. De esas veces en que tiemblas tú y tiembla el mundo. De esas veces en que enamorarse cuesta, pero lo díficil es dejar de enamorarse de él cada día.

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