jueves, 24 de marzo de 2011

Un día cualquiera

Se sentía fuerte. Aunque a veces le fallarán las fuerzas o se quedará sin energía. Sabía que era porque tus hilos aún la envolvían. Porque había sido una simple muñeca, que bailaba alrededor de tu órbita. Un día la querías, y treinta la ignorabas. Sabía que la utilizabas. Que te apoyabas en ella para ser mejor.
Aquella noche no fue distinta. Todo siguió su curso. Hasta que la copa que sujetaba en la mano se le cayó al suelo. Las margaritas se mustiaron. Y el cactus murió.
Había sido muy tonta. Tan tonta, que creyó que igual la habías querido. O que al menos, en algún momento, la habías necesitado. A veces aún lo duda. Aunque cada vez está más segura de que tan sólo fue un embrujo de la noche.
Ahora lo único que quiere es saltar. Bailar como una loca y cantar a voz en grito. Calzarse los tacones. Ponerse unos pedientes, y pintar sus labios. Quiere besar sin parar. Pero lo cierto, es que los primeros besos que no fueron tuyos le dolieron. Los siguientes empezaron a cicatrizar sus heridas, y ahora, sólo recuerda un beso.
Pese a todo, de vez en cuando, sonríe para adentro. Lo hace porque sabe que un día, uno cualquiera, un escalofrío recorrerá tu espalda, y sabrás que te equivocaste. Un día en el que no sea ella la que abra la puerta, la que te agarre para no caer, la que te sujete, la que vigile tus sueños, la que te regale un cuento, o la que te cuente cualquier chiste malo. No será ella. Y no la reconocerás en otros ojos que te miren, porque no habrá ninguna mirada que sonría como la de ella. Y entonces, comprenderás, que pudo ser lo que mejor que haya pasado, o que te hubiese pasado, o que te habría pasado... Entenderás, que ella no sabía conjugar verbos, pero podía volver presente cualquier pluscuamperfecto.

lunes, 21 de marzo de 2011

Un maestro

Ha dicho muchas cosas Gabilondo esta noche en Zaragoza. Cosas sobre la radio, el periodismo, pero también sobre la vida.
Esa vida que a veces pasa a nuestro alrededor y ni siquiera miramos. Esa vida que puede sorprendernos para bien y para mal.
Nos ha dicho que se nos ha olvidado que lo importante es contar. Contar lo que contamos. No a cuantos se lo contamos. Y que nos preocupamos tanto en contar a cuantos se lo contamos, que lo que contamos ha dejado de importar.
Ha hablado del derecho a ser informado. Del derecho a informar. De la obligación de la verdad.
De que lo importante no es quien me cuenta que se ha metido un gol, sino quien lo ha metido. Que nos hemos olvidado de las personas.
Ha hablado de la profesión, no tan idílica como ustedes se imaginan. De la radio. Y de todo lo que engancha.
De lo difícil que es ser mujer. Ser madre o periodista. De ese mundo ideal en el que conciliar sea real.
Ha hablado de lo importante que es quien te rodee. No madrugar, sino quien te facilita hacerlo.
De que cuando todo esto pase, veas a tu pareja al lado y sepas din lugar a dudas, pese a los silencios o los vacíos, que donde querrías estar es allí, a su lado, y no en otro lugar del mundo cualquiera ni con cualquier otro al lado.
De esta crisis. De este cambio de ciclo que todos notamos. El que se apaga y el que comienza. De los miedos. De lo que nos atenaza, tambalea, y de seguir adelante.
Ojalá todas las primaveras, sean como hoy aunque el mundo se tambaleé. Hay unos cuantos brazos dispuesto a sujetarlo.

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sábado, 19 de marzo de 2011

El destino a veces tiene planes que ni imaginábamos. A veces duelen y otras acarician.
Y cuando el cuerpo se rebela, te pide que parea y pongas un poco de orden... Y llega la explicación. La vida es muy lista y a veces le desorganizas los planes. Nunca es tarde. Si me quisieras... Me dedicaría a desordenarle los planes al destino.

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jueves, 17 de marzo de 2011

Abrió la botella de cerveza, dio un trago y dejo hueco para el tequila. Las burbujas salieron de la botella esfumándose en el aire. Vertió el tequila. Agitó la botella y pensó que tal vez si toda su energía se centraba en ese momento, su vida quizás dejase de girar. Giraba. Giraba. Giraba. Y se sentía perdida como si todo a su alrededor fuese una gran noria rodeada de un gran bosque. Inmensidad. Vacío. Te habías alejado tanto que ya casi no te conocía. Te echaba tanto de menos que cuando se paraba a pensar en ello le costaba casi respirar. Sin embargo no entendía muy bien en que momento la noria había quedado atascada. Tú te bajaste. Ella se quedo allí, quieta, atrapada. Su corazón se había evaporado. Enloquecido, casi se había esfumado. Dio un trago largo a la botella y pensó... Ojalá nunca te arrepientas.

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miércoles, 16 de marzo de 2011

Y hubo tanto ruido

Que al final, llego el final

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martes, 15 de marzo de 2011

Lágrimas del cielo

La Princesa había vuelto al Reino, pero nada era ya como antes.
Los súbditos enloquecían presos del amor. Las penas bailaban al compás del viento. Los gritos eran las nanas que acunaban en los sueños. Arañas gigantes ascendían por las montañas verdes y por las praderas se arrastraban las mariposas.
La Princesa había vuelto, pero no como antes.
Apenas le quedaban ya sonrisas y las fuerzas se habían ido escapando por su garganta a través de pequeños suspiros.
Estaba allí, pero no como antes.
Sus botas preferidas se habían roto y no podía ya caminar por los charcos. Los pares de zapatos andaban solos por el mundo. Cojeando. Renqueando.
Había regresado. Pero no había traído el sol tal y como prometió al reino.
Las nubes se habían ido colocando sobre el cielo, formando una barrera inquebrantable. Busco sueños para intentar tener un motivo por el que levantarse cada mañana. Y se los arrebataron.
Estaba allí, pero no era lo mismo.
En la soledad, intentaba contar las partículas de polvo que flotaban en el aire. Quería matar el tiempo, antes de que éste la matará a ella.
Nada era igual. Ya no.
En su mente se amontonaban millones de palabras. Temblaba al sentirlo lejos. Pero también lo había hecho cuándo él estaba cerca.
No podía llorar. Y lo que nadie en el Reino sabía, era que el cielo se encapotaba porque ella no podía llorar. La lluvia que caía del cielo eran sus propias lágrimas. Todas las que la Princesa era incapaz de derramar.

lunes, 14 de marzo de 2011

A veces creo oír tu voz en la habitación de al lado.

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